La escritura cruzada: un hábito epistolar

Entre los papeles personales de la señora Magdalena Doubedout, sobreviviente del naufragio del Monte Cervantes en Tierra del Fuego, donados a la Biblioteca Nacional por el arquitecto y arqueólogo Daniel Schávelzon, descubrimos una “carta cruzada” fechada en 1909.

La “escritura cruzada” era una práctica bastante común en las correspondencias del siglo XIX. Una vez completada la hoja de una carta, ésta se giraba noventa grados y se la cubría con una segunda capa de texto en forma perpendicular o diagonal. De este modo, se abarataban los costos de envío, puesto que estos dependían tanto de la distancia que tenía que recorrer la carta como de la cantidad de páginas que ocupara.

La implementación de reformas que bajaron las tarifas postales hizo que la escritura cruzada cayera en desuso. Varios manuales de estilo epistolar de fines del siglo XIX y principios del siglo XX censuran esta práctica, alegando que es desconsiderada respecto al remitente: implica que no se lo estima lo suficiente como para gastar otra hoja de papel y demanda un tiempo extra de lectura.

No obstante, siguió siendo una práctica común en cartas íntimas y románticas —la superposición de capas de texto permitía ocultar mensajes— y domésticas.

P.B.T.: Política para niños de 6 a 80 años

Primer número: El P.B.T. y el V.G.T. (caricatura del candidato a la presidencia por el PAN, Manuel Quintana). Dibujo por Navarrette

Donados desde Mendoza por la señora Rosemary Fayad, ingresaron a la BNMM 15 volúmenes de la primera etapa de la Revista P.B.T., cuya actividad entre 1904 y 1918 la convirtió en una de las más importantes publicaciones en la historia del humor gráfico-político del país.

Con el lema “Semanario infantil ilustrado (para niños de 6 a 80 años)”, fue fundada por el antiguo fundador y redactor de Caras y Caretas, el periodista, humorista y poeta español Eustaquio Pellicer.

Además de su compromiso con el panorama político del país y del mundo y su posición en la vanguardia del arte gráfico local, P.B.T. también fue una revista popular. Accesible por su precio (20 centavos), cómoda por su tamaño (13x23cm) y atractiva por su contenido, dedicaba muchas páginas a cuestiones de interés general. Sorprendió, además, con la entrega de premios y con sorteos para espectáculos.

 El material se podrá consultad a la brevedad en la Sala de Hemeroteca.

 

Puerto seguro. El archivo Pepe Eliaschev en la Biblioteca Nacional

Por Victoria Verlichak, donante

La donación del Archivo Pepe Eliaschev (José Ricardo Eliaschev, 1945-2014) se hizo en dos tiempos. Cuando partieron las cajas con material gráfico hacia Biblioteca Nacional, sentí congoja: Pepe se iba definitivamente de casa. Luego, cuando los trabajadores de la Biblioteca se llevaron el material audiovisual, sentí paz. A Pepe le gustaría saber que el fruto de más de 50 años de periodismo está en buenas manos.

Los trabajos para organizar la partida del Archivo Eliaschev me recordaron en esos días, más que nunca, a La isla de los muertos del suizo Arnold Böcklin (1827-1901). La pintura es un testimonio de pérdida y de acompañamiento amoroso a un ser querido. Representa a una figura envuelta en blanco, de pie junto a un féretro en un bote a remo, que se aproxima por tranquilas y oscuras aguas a una isla con escarpadas rocas -en cuyos laterales internos y externos aparecen excavados una decena de pórticos custodios- presidida por altos cipreses y extraordinarios cielos vespertinos.

La obra es un indicio de un duelo pero también de la llegada a un reposo; el Archivo Eliaschev llegó a puerto seguro y su familia, agradecida.

Archivo Luisa Mercedes Levinson en la Biblioteca Nacional

Luisa Mercedes Levinson nació en Buenos Aires el 5 de enero de 1904, hija de Arturo Levinson, odontólogo de ascendencia británica,y de la catalana Mercedes Jove y Martí.

Luisa Mercedes Levinson en Caras y Caretas (circa 1907)

A fines de la década del 40, con el seudónimo de Lisa Lenson, comenzó a publicar cuentos y alguna novela por entregas en revistas de gran tirada como Leoplán, El Hogar e Idilio. En Idilio, dirigida al público femenino, estuvo largo tiempo a cargo del consultorio sentimental, en el que respondía a cartas de supuestas lectoras, escritas en realidad por Conrado Nalé Roxlo, “Chamico.”

Primera ediciòn de “La hermana de Eloisa”, Buenos Aires, 1955

En 1951, todavía con su seudónimo, presentó la novela La casa de los Felipes. En 1954, en colaboración con Jorge Luis Borges, escribió el cuento “La hermana de Eloísa”, convirtiéndose en la única mujer con quien éste compartió la autoría de una ficción. A partir de esa experiencia, fundamental para su concepción del estilo, empezó a utilizar su verdadero nombre para firmar sus ficciones​.
La primera obra que siguió a esa colaboración con Borges fue ​el cuento​“El Abra”, una obra maestra, traducida a muchos idiomas​, que incluyó en su primer libro de relatos La pálida rosa de Soho (1959)​. ​

Cuadernos de notas, agendas y diarios personales

También escribió novelas como A la sombra del búho (1972) y El último zelofonte (1984)​, y piezas de teatro, como Tiempo de Federica (1962), Premio Municipal ​de Buenos Aires, ​y Julio Riestra ha muerto (1963).

Durante décadas, su casa de Belgrano albergó un salón literario que el escritor y diplomático chileno Fernando Alegría llamó “el Bloomsbury porteño”. Su personalidad ​brillante, ​original, extravagante y excéntrica, llegó a opacar su obra. La incorporación de su archivo a la Biblioteca Nacional -donado por su hija, la escritora Luisa Valenzuela- permite juzgar con ojos más contemporáneos y más justos una trayectoria y una escritura igualmente impares.

Constelaciones. Mujica Lainez y el niño comunista

Cuando una donación entra en la Biblioteca Nacional, suelen saltar a la vista ciertos puntos en común con otros archivos que ya están en ella.  Del  escándalo ocurrido en el Congreso de Escritores organizado por la SADE en Paraná en 1964, informan, por un lado, ciertos recortes de diarios del Fondo Abelardo Arias. Y por otro lado,  una carta que Mujica Láinez  escribió a Alberto Girri y que hoy sale a la luz gracias a la donación del archivo del poeta a nuestra Biblioteca Nacional.

Participantes del congreso llegan a Paraná a bordo del “Ciudad de Corrientes”

 La cómica gravedad del asunto giró sobre los siguientes elementos: un joven comunista y su barra ídem; el susodicho joven, escritorzuelo santafesino, muy deseoso de aprovechar la coyuntura única que se le ofrecía, para difundir, a través de la prensa de escándalo y a los cuatro vientos, su nombre que aun dormía en la oscuridad de las librerías no transitadas; la equivocación de Silvina Bullrich, integrante de la mesa redonda sobre novela argentina que sirvió de campo a esa batalla de enanos; la furia de dicha Silvina, que intensificó su equivocación; la muda alegría con que nuestros colegas de la SADE presentes acogieron la oportunidad que se les regalaba de asistir al desarrollo de denuestos prodigados contra un escritor que comete el error de recibir premios y vender sus libros; el gozo periodístico con que un enviado especial de La Razón, especialmente enviado para exaltar cuando indicara barullo, sacó partido de ese estrépito; y por último lo mucho que “La Razón” se lee y lo mucho que mis prestigiosos colegas comentaron aquel exabrupto en Buenos Aires.

En suma, lo que enoja al niño de marras, aparte, como es natural, de los premios y ventas aludidos, parecería ser el hecho de que al cabo de una docena volúmenes consagrados a mi porteña capital, yo haya tenido la audacia de traspasar sus literarios límites para alojarme con mi lapicera a noventa kilómetros de Roma. Los comunistas, como me ha hecho notar Billy [Whitelow] con acierto, son paradójicos por un lado pregonan una universalidad acaparadora y por el otro exigen la práctica de un folklore pueblerino. De cualquier modo esta pintoresca historia ya quedó atrás con sus donceles ululantes, tristemente reducidos a permanecer en las aldeas del litoral, mientras nosotros regresabamos al gran proscenio que ellos miran de lejos con tanta sed…

Juan José Saer 1964

Mujica Láinez omite el nombre del joven escandaloso, que cuarenta años después se arrepentiría públicamente de su intervención. Los recortes que conservó Abelardo Arias -mucho más contemplativo con la insolencia , “ya que actitudes así las que dan vida a la literatura” permiten saber que se trató, nada menos, que de Juan José Saer.

Constelaciones. El congreso de Paraná I

O. H. Villordo. Caricatura de Viviani
Mujica Lainez por Aldo Sessa

El V Congreso de Escritores celebrado en Paraná, en noviembre de 1964, pasará a la historia por motivos que sus organizadores jamás hubieran imaginado. Varios de los archivos donados a la Biblioteca Nacional hacen referencia a por lo menos dos episodios desopilantes que merecen comentarse en este blog.

Mientras se sucedían los actos oficiales, y las “ponencias y sobadas sentencias”, varios de los invitados decidieron escapar al aburrimiento recurriendo a una antigua habilidad.

En los márgenes de una publicación institucional del “Colegio Adventista del Plata”, Manuel Mujica Láinez, Silvina Bullrich, Oscar Hermes Villordo, empezaron a escribir disimuladamente versos disparatados, paródicos, frecuentemente obscenos, satirizando al Congreso o “escrachando” a alguno de sus compañeros que desertaban, como el célebre Abelardo Arias o Pedro Miguel Obligado.

Amable y Abelardo /se fueron a Diamante / el uno como un cardo, / el otro como un guante.  / Mirábanse a los ojos / como quien piensa un beso / y preguntaban, rojos / ¿en donde está el Congreso? // El Congreso parlante / dormía o se duchaba …”

“En la gruta de Samet” / Pedro Miguel Obligado / supo dejarse olvidados / el corpiño y el corset / Entre el Richmond y el Chiquín / los mascadores de chicles / Contemplan pasar sin fin / a Obligado y a Pericles. 

Estudiantes de teología del Colegio Adventista. En la página siguiente, romancillo por O. H. Villordo.

 

Son composiciones virtuosas, deslumbrantes por la manera en que manejan las formas más antiguas de la poesía castellana.

 

Ese ejemplar de la revista,  donada por el periodista Jorge Cruz, pasará a  integrar el Fondo Oscar Hermes Villordo,

Cartas de Fernando Reati en la Colección Cartas de la Dictadura

Por Laura Giussani Constenla, Departamento de Archivos

Correspondencia Pirata de los chicos, desde las cárceles. Transcripción hecha con amor y dolor por su padre Eugenio Oscar en su exilio.
Con ese cartelito escrito por su madre en la tapa de una carpeta, Fernando Reati acaba de donar a la Biblioteca Nacional la correspondencia que logró sacar de manera clandestina de la cárcel de Córdoba. Se trata de diez cartas originales cuya transcripción mecanográfica hecha por el señor Reati padre, abarca cuarenta y un hojas tamaño oficio .
Recién llegado de Atlanta, Estados Unidos, donde hoy es profesor de Letras, Reati relató las características de su prisión en el D2 de Córdoba, UP1, entre 1976 y 1978:

A partir del golpe, por orden del general Menéndez se clausuró todo tipo de comunicación de los presos políticos con el exterior. Pocos días después del golpe hubo una inmensa requisa y se llevaron todo en medio de golpes. Quedaron los compañeros con la ropa puesta y poco más. Ni siquiera se les dejó elementos para afeitarse. Cuando mi hermano y yo llegamos a la cárcel el 10 de setiembre de 1976 fue como entrar en otra dimensión: los presos con barbas de semanas, sucios, encerrados en las celdas las 24 horas, y sin ninguna información del exterior. Todo eso, en medio de palizas regulares, con “sacadas” cada tanto de cuatro o cinco compañeros que eran luego asesinados en supuestos “intentos de fuga”. Hubo unos 30 fusilados en esos primeros meses del 76

Para sortear el aislamiento, los presos políticos establecieron contacto a través de lenguaje de manos con los presos comunes que estaban en otros pabellones y tenían permiso de visitas y salidas al patio. Así nació lo que se llamó “palomeros”. Las “palomas” eran cuerdas que se hacían con hilos trenzados de toalla, a las que se les agregaba en la punta un gancho de alambre.
De noche, el palomero arrojaba al patio una cuerda con el gancho en la punta, y lo mismo hacía un preso común desde la ventana de su pabellón. Después de varias intentos, las dos palomas se enganchaban, y ambos tiraban de las cuerdas hasta que se tensaban y quedaba establecida una línea de pabellón a pabellón. Así enviaban paquetes con tabaco, papel, biromes, y por supuesto, cartas.
Las primeras cartas, escritas con una letra minúscula casi ilegible, fueron en papel higiénico. El preso común se lo daba a su mujer durante la visita, ella se introducía el paquetito en la vagina y salía. Luego la entregaba al destinatario a cambio del pago del monto indicado en la misma carta.

La donación de Fernando Reati es el primer conjunto de correspondencia salida clandestinamente de las cárceles, que recibe la Colección Cartas de la Dictadura. Son escritos personales en los que si bien se evitan juicios políticos que hubieran podido comprometer a los familiares, se manifiestan críticas al gobierno militar, al trato que los presos recibían en la cárcel, a sus vivencias en momentos del mundial de fútbol del 78 y sus festejos, entre otras experiencias.

Este valioso material estará disponible a la brevedad para la consulta pública. Fernando Rieti autorizó también a la Biblioteca Nacional a digitalizar sus cartas y a brindar acceso a las mismas a través de la web, por lo que en un futuro esta donación se sumará a las otras cartas que ya se encuentran disponibles en el catálogo en línea.

Una obra inédita de Sara Gallardo

Transportaros queremos a otros tiempos, señores / donde por ser humanos, como nos, los actores,/ no es muy grande varianza la que habremos de ver,/ prestad pues las orejas por mejor entender.

Sara Gallardo en París, 1955

En 1954 —a los veintidós años, muy poco antes de empezar a escribir Enero, su primera y aclamada novela— Sara Gallardo compuso una breve obra de teatro para representar en familia, que, en copia rubricada por la autora, acaba de ser donada a la Biblioteca Nacional.

Se trata de una especie de comedia o farsa, ambientada en la Florencia del 1500, escrita con un manejo virtuoso del lenguaje, que más allá de la trama, logra divertir mezclando formas de la antigua literatura española con el giros coloquiales del lunfardo porteño .

Dramatis personae y elenco de la obra

Sara Gallardo caricaturiza la figura de varios de los miembros más célebres de su familia clave en la historia argentina, en la que se anudan, entre otros, apellidos como Mitre, Drago, Cantilo y Ordóñez, haciendo eje en la religión y las posturas políticas.

Manuel Ordoñez, que inspira a “Manolo”, el protagonista de la obra, fue abogado y uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano, uno de los principales opositores a Perón por esos años y clave en la historia de su derrocamiento.

Nota manuscrita de Sara Gallardo que informa de su autoría

 

Hasta donde sabemos, estuvo entre el “público” en aquella única función, a cargo de una docena de primos tan jóvenes como la autora.

La obra estará a disposición del público próximamente.

Carmen da Silva: la precursora secreta

Todo empezó con Carmen da Silva, escribe la ex presidenta brasilera Dilma Rousseff. Ella fue una gran inspiración para la autonomía e independencia de la mujer. Nuestra generación le debe mucho a ella.

El hallazgo de una veintena de cartas de Carmen da Silva en el Fondo Oscar Hermes Villordo recientemente donado a la Biblioteca Nacional, pone de nuevo en foco su figura extraordinaria.

Nacida en el sur de Brasil en 1919, da Silva se mudó en los años 40 a Uruguay y luego a la capital argentina, donde estudió psicoanálisis, empezó una larga carrera como periodista y publicó sus primeros libros. Lectora ávida de Simone de Beauvoir, regresó a Brasil en los años sesenta y se constituyó como precursora del feminismo en el país. “Publicaba artículos memorables en la revista Claudia”, recuerda Rousseff.

Carmen da Silva. Parati, Brasil, 1979. Fotografía de Oscar Hermes Villordo

 

A propósito de esta correspondencia entrañable con Oscar Hermes Villordo -en donde se menciona, entre otros, al narrador Juan José Hernández,- la señora Alice Barreto de Del Fresno, sobrina de Carmen, nos cuenta: “la relación de Carmen con Hermes y Hernández fue fraterna y profunda… Los tres pasaban largas temporadas en casa de Carmen en Rio de Janeiro en los años 60”.

 

Manucho y las Fuerzas Armadas

 

Fotografía de Manuel Mujica Lainez, con dedicatoria a Abelardo Arias, 1964.

 

Creo, melancólicamente, que la Argentina no conseguirá enderezarse hasta que se suprima el servicio militar. Sólo cuando se les quite a esos individuos oscuros, que se suponen providenciales, la posibilidad de respaldar sus ambiciones oscilantes con las marchas y contramarchas de nuestros muchachos, podrá descansar la República y construir algo útil.

 

De una carta enviada por Manuel Mujica Lainez a Oscar Hermes Villordo el 10 de agosto de 1962. El autor de Bomarzo reflexiona sobre el enfrentamiento entre “azules y colorados”, dos facciones de las Fuerzas Armadas, que tuvo en vilo a Buenos Aires durante varios días.

La carta forma parte del Fondo Oscar Hermes Villordo y la fotografía pertenece al Fondo Abelardo Arias, ambos producto de la generosa donación de sus familiares y herederos. Estas piezas pueden consultarse en el Departamento de Archivos y Colecciones Particulares