Un libro impreso en plena Revolución Francesa

Principales eventos de la Revolución, especialmente de la “semana notable”, representados por doce “figuras” en “intaglio” muy bien ejecutadas, con un historial preciso.

En junio de este año, la familia del escritor, periodista e historiador Jorge Emilio Gallardo (1939 – 2012) nos cedió su biblioteca personal, un acervo bellísimo de 1200 libros de literatura, historia y antropología, sobre todo acerca de la “tradición rioplatense” y del africanismo en la región.

Mientras hacíamos el inventario de la donación -entre libros de John Dee, Marcel Mauss, y J. B. Alberdi, por nombrar algunos- encontramos un antiguo libro en francés que resultó ser una rareza de la bibliotecología mundial. Sin indicios de autor o editorial, en la portada del libro se inscribe “l’an deuxième de la liberté”, lo que correspondería al período entre septiembre de 1793 y septiembre de 1794, pleno Terror de la Revolución Francesa.

Aparentemente, este libro se encuentra en apenas cinco bibliotecas del mundo.

Como queda claro en el título, el libro es un relato sintético del proceso desencadenado en 1789: hace pasar sus capítulos por “figuras” que “ilustran” y resumen el transcurso de la Revolución. Como apéndice, el libro adjunta una lista alfabética de los apellidos “más distinguidos en la Toma de la Bastilla”.

Primer “cuadro”, o capítulo: “Soy francés, y escribo para los franceses. Existo, he visto…”

Se atribuye la autoría de este libro a François Guillaume Ducray-Duminil (1761-1819), poeta, novelista, dramaturgo, compositor y editor literario del Journal des Petites Affiches de Paris. Totalmente olvidado hoy en día, Ducray-Duminil era muy conocido en la época. Su obra era leída por todo el pueblo europeo, pero detestada por la mayoría del ámbito literario parisino. Así, en Los Miserables de Víctor Hugo, sus libros, los preferidos de la Madame Thénardier, son tachados de “estúpidos romances”.

Una vitrina para “Tirso”, editorial pionera

Abelardo Arias y Dante Savi, Mar del Plata, 1952.

Ediciones Tirso surge a mediados de la década de 1950 por iniciativa de los escritores Abelardo Arias y Renato Pellegrini y el pintor Dante Savi. Gracias a una beca, Arias había viajado a París en 1952, donde frecuentó diversos círculos literarios y entró en contacto con escritores franceses; de estos intercambios surgió la idea de difundir algunas de su obras en castellano.

Segunda edición del clásico de Peyrefitte, 1957.

La editorial dio a conocer su primera publicación en 1957: Las amistades particulares, de Roger Peyrefitte. Sudamericana había rechazado la novela: trataba del vínculo homoerótico entre dos jóvenes en un internado católico francés y ya había resultado escandalosa en su país de origen. De hecho, la intendencia de Buenos Aires la prohibió por seis meses, pero la novela fue un éxito de ventas y se reimprimió al menos tres veces el mismo año de su publicación.

Esta primera experiencia da cuenta de la labor pionera que llevaría a cabo Tirso en la difusión de libros que abordaban temáticas homosexuales y el riesgo que esto conllevaba en una época en la que regían censuras legales y morales. El ambiente literario local respondió con miedo, indiferencia y hostilidad.

Tarjeta de negocios de Arias.

Sostenidos por la respuesta de un público secreto y ávido—y por una convicción moral única en su época— estos tres jóvenes llevaron a cabo la tarea titánica de gestionar los derechos, traducir, diseñar los volúmenes y hasta distribuir los libros de un catálogo que incluyó, entre otros, a André Gide, Julien Green, Roger Martin du Gard, Henry de Montherlant, Marcel Jouhandeau, Albert Simonin y Carlo Coccioli.

Dante Savi en su casa de Once, con Nuria Dimotta (Departamento de Archivos), Leopoldo Brizuela y el sociólogo Ernesto Meccia, 2016. Foto por Javier Nadra

 

En 2016, poco antes de morir, Dante Savi donó a la Biblioteca Nacional el archivo personal de Abelardo Arias, con abundante material sobre la gesta de Tirso. Hasta fines de noviembre se exhibe en el tercer piso de la BNMM una selección que da cuenta de la magnitud de este singular proyecto. Incluye fotografías, diarios de viaje, recortes periodísticos y algunas de las publicaciones más insignes e innovadoras de Tirso.

Horace Lannes: los años dorados del cine argentino

Horace Lannes y Amelia Bence en el Festival de Cine de Mar del Plata (1968)

El nombre de Horace Lannes—vestuarista de cine, radio, televisión y teatro—ha quedado asociado indeleblemente al del cine argentino y sus divas más insignes. Nacido en Flores en 1931, Lannes inició su carrera como vestuarista de cine en La mujer de las camelias (1953) de Enrique Arancibia. Protagonizado por Zully Moreno, el film fue galardonado con el Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa. A partir de allí, diseñó el vestuario para más de cien películas que abarcaron todos los géneros y las épocas; también, a instancias de su propietario, se ocupaba de la ropa de las vedettes del Teatro Maipo.

Figurines de varios autores, clasificados por época

Lannes confeccionó ropa para Amelia Bence, Mirtha Legrand, Susana Giménez, Graciela Borges, Tita Merello, Libertad Lamarque, Mercedes Carreras, Elsa Daniel (cuyo vestido para La novia, de 1961, fue icónico y muy emulado) y Lolita Torres, entre muchísimas otras. En 2010, con motivo del Bicentenario, el INCAA y la Secretaria de Cultura auspiciaron la publicación de Moda y vestuario en el cine argentino, en el que Lannes recopila fotografías y bocetos de trabajos propios y de otros vestuaristas a los que rinde homenaje.  El proyecto del libro había sido, originalmente, una sugerencia de Tita Merello y Zully Moreno, que conocían los archivos, colecciones de fotografías, trajes y diseños de Lannes. Figurines y fotografías ilustran casi un siglo de cine argentino.

Figurines de Lannes: Iliana Calabró, Andrea del Boca y Victoria Carreras

Para Lannes, la distinción entre diseñador de moda o ropa y diseñador de vestuario es esencial. El diseñador de vestuario emplea técnicas distintas: tiene que leer el argumento, leer a los personajes y a sus antagonistas; también debe considerar qué actores representarán a esos personajes, las locaciones, el mobiliario y los horarios de filmación.

Dedicatoria de Horace Lannes

Recientemente, Lannes se acercó a la BNMM para hacernos llegar el archivo audiovisual de su gran amiga Amelia Bence y un ejemplar dedicado de su propio libro. Pronto estará disponible para su consulta.

 

La biblioteca personal de Eliahu Toker

Pensando en distintos idiomas
y andando diferentes destinos 
seguíamos siendo un solo pueblo 
habitante de un territorio metafísico…
Eliahu Toker, “Saga Judía”.

El 10 de septiembre el programa de radio de la Biblioteca Nacional, La muralla y los libros, nos invitó a conversar sobre la donación de la biblioteca personal de Eliahu Toker (1934-2010), arquitecto, poeta y escritor judeo-argentino, traductor del hebreo y del ídish. Estuvieron con nosotros Ana Weinstein (Centro de Documentación e Información sobre judaísmo argentino “Marc Turkow” en la AMIA) y Pompi Penchansky (Fundación Internacional “Raoul Wallenberg”).

Los libros de humor conforman gran parte del acervo.

Al recibir una biblioteca personal, lo más apasionante es la posibilidad de “conocer” a la persona en cuestión a partir de sus lecturas. Los libros en distintos idiomas -del alemán al portugués, del ídish al inglés- retratan las idas y vueltas de un verdadero viajero; los temas recurrentes marcan la pasión de un autodidacta, de alguien que, según Leopoldo Brizuela, “compraba libros por deseo, jamás porque hubiera que tenerlos. Eliahu fue poeta y humorista, las dos cosas más desinteresadas dentro de la cultura”.

Un clásico, con firma de Eliahu y un señalador muy simpático.

Para Toker, el gran desafío estaba en “tratar de expresar lo judío de la condición argentina y lo argentino de la condición judía”, dijo Ana Weinstein. Los veinte años de trabajo en conjunto de Weinstein y Toker dejaron una importante serie libros y exposiciones, reflejo de una búsqueda de “los ingredientes componen nuestra cultura. Qué trae cada uno. Qué se debe conocer del otro. Qué es lo que se quiere seguir siendo.”

Así, ambos se dieron cuenta -sobre todo en dos de sus libros, Nietos y abuelos. Un intenso vínculo y En el espejo de la lengua ídish (Selección de textos argentinos)– que desde lo particular de lo judeo-argentino se puede pensar lo general de la condición humana: “Quisimos poner en claro cuánto de la creatividad de esos inmigrantes judíos, que llegaban hablando de sus cosas, expresaba al inmigrante en general. El italiano, el español, el armenio, y tantos otros que salían a buscar trabajo”.

Ex-libris Eliahu Toker.

Luego de un año de trabajo en conjunto, la BNMM se complace en comunicar que los 6.000 ejemplares que componen la Biblioteca Personal Eliahu Toker pronto entrarán en proceso de catalogación.

Agradecemos a todos los involucrados, especialmente a la familia de Eliahu: a Carina y Gabriel, sus hijos, y Clara, su mujer, que en paz descanse.

Correspondencia de José Santos Chocano a Leopoldo Lugones

Por Laura Giussani Constenla

Departamento de Archivos y Colecciones Particulares

Abrir las cajas que pueblan los anaqueles de un archivo significa descubrir tesoros escondidos de los cuales, en ocasiones, se ignora por completo la procedencia. Tal es el caso de las cartas manuscritas originales enviadas por José Santos Chocano —poeta peruano nacido a fines del ochocientos— a su maestro y amigo Leopoldo Lugones que pueden encontrarse en el fondo de la familia Giussani-Constenla. Más allá de la sensualidad que ofrecen estos papeles escritos a pluma, con sus sellos de época y el color que el tiempo les impuso, descubrir la correspondencia de Chocano nos permite navegar en el espíritu de aquel mundo novelesco de inicios del siglo XX, cuando palabras y actos eran igual de exuberantes.

1925. Dos críticas a la famosa “hora de la espada” de Lugones dejan “completamente desconcertado” a Santos Chocano.

Al ilustre poeta peruano no había experiencia vital que le fuera ajena. Antes de los 20 años ya había pasado por una cárcel submarina acusado de subversión pero, como nada es eterno en la vida, cambió el gobierno y obtuvo los favores del poder: se convirtió en diplomático. Viajó por media Latinoamérica y España. Estuvo envuelto en estafas, fue secretario personal de Pancho Villa en México, se salvó de ser fusilado en Guatemala por su apoyo al dictador Manuel Estrada. En tanto, escribía sus poemas impulsado por el ánimo modernista de amigos como Gregorio Pueyo, quien en 1906 le publicó su primer poemario, “Alma América”. Envalentonado, dos años después declaró: “Walt Withman tiene el norte, pero yo tengo el sur”.

En 1924 conoció a Leopoldo Lugones en un encuentro de escritores en Lima. Festejaban el centenario de la Batalla de Ayacucho. Chocano elogiaba las “dictaduras organizadoras”. Fue entonces cuando Lugones pronunció su famosa frase “ha llegado la hora de la espada”. La admiración de Chocano por el poeta argentino no tuvo límites. Una de las cartas encontradas es de junio de 1925: allí narra con detalles las repercusiones que sus dichos obtuvieron en la prensa, indignado por las ácidas críticas del mexicano José Vasconcelos.

Chocano entendía la vida como una conspiración permanente y consideraba a La Universidad de San Marcos y al periódico El Comercio como sus grandes enemigos. “La universidad es la gran vinculadora de los farsantes”, dice una de las frases que Chocano le envía a Lugones, “ellos forman a los abogados y los jueces”, insiste para explicar los motivos de su persecución.

Telegrama del presidente Leguía a Lugones, respondiendo el pedido de libertad para Santos Chocano.

Finalmente, Santos Chocano vuelve a la cárcel. No por conspiración alguna, sino porque el 31 de octubre de 1925 asesinó con un tiro certero al poeta Edwin Elmore en las puertas del diario El Comercio. La razón de su ira fue que Elmore había firmado un acta de desagravio a favor de Vasconcelos luego de que Chocano escribiera una diatriba en su contra titulada: “Apóstoles y Farsantes”. Unos meses después de este episodio, Chocano le escribe a Lugones: “El portador de la presente será para Vd carta viva… él le contará los detalles del ‘asesinato’ del que estoy siendo víctima”.

El ideario americanista que siempre guió a José Santos Chocano quedó reflejado en uno de sus poema más conocidos: Blasón. “Soy el cantor de América/ autóctono y salvaje:/ mi lira tiene un alma, mi canto un ideal./ Mi verso no se mece colgado de un ramaje/ con vaivén pausado de hamaca tropical…// Cuando me siento inca, le rindo vasallaje/ al Sol, que me da el cetro de su poder real;/ cuando me siento hispano y evoco el coloniaje/ parecen mis estrofas trompetas de cristal./ Mi fantasía viene de un abolengo moro:/ los Andes son de plata, pero el león, de oro,/ y las dos castas fundo con épico fragor.// La sangre es española e incaico es el latido;/ y de no ser Poeta, quizá yo hubiera sido/ un blanco aventurero o un indio emperador.”

1926. “Querido Lugones: Acabo de leer unas notas insolentes que contra Vd…”

Entre los papeles de los Giussani se encuentra también el telegrama enviado por el Presidente de Perú, Augusto Bernardino Leguía, agradeciéndole a Lugones y demás intelectuales por haber intercedido a favor del poeta y asegurando que haría lo necesario para obtener su libertad, cosa que logró con una amnistía en 1927.

Por qué motivo esas cartas fueron a parar a la casa de Pablo Giussani y Julia Constenla, es otro misterio que deberán develar los investigadores interesados en desentrañar el curioso derrotero de los papeles. Lo cierto es que José Santos Chocano murió como vivió, de una manera increíble: fue asesinado en un ómnibus en Chile por un tal Martin Bruce Padilla, quien estaba convencido de que Chocano poseía un mapa en donde se indicaba un tesoro de oro en las montañas.