Programas Santa Clara, televisión educativa por cable

Revista y guía didáctica de “Educable”. Junio – Julio de 2001.

La Mediateca de la BNMM pronto ampliará su acervo con la llegada de 350 DVD’s de televisión educativa a distancia, con programas sobre arte, literatura, ciencias sociales y naturales, matemática y tecnología. La colección fue donada por Pedro Simoncini, distinguido empresario de medios y fundador de Programas Santa Clara, antigua difusora del material.

En contra de la “televisión destructiva”, Simoncini supo manifestar que tanto en ella como en la publicidad y en otros medios “el criterio comercial prevalece por encima del interés público” y “la sociedad es apabullada por una descarga permanente de elementos inconvenientes para su salud física, intelectual y moral”, fenómeno que para él dependía de “un núcleo de no más de 60 personas”.

Más adelante, Simoncini fundaría TV Quality, primera difusora de documentales del país; Educable, sistema educativo privado de televisión por cable y Contenidos.com, portal educativo vía internet.

En la imagen de la derecha enlazamos una muestra de uno de los programas donados, “Un siglo de Arte Moderno. Realismo”:

 

La escritura cruzada: un hábito epistolar

Entre los papeles personales de la señora Magdalena Doubedout, sobreviviente del naufragio del Monte Cervantes en Tierra del Fuego, donados a la Biblioteca Nacional por el arquitecto y arqueólogo Daniel Schávelzon, descubrimos una “carta cruzada” fechada en 1909.

La “escritura cruzada” era una práctica bastante común en las correspondencias del siglo XIX. Una vez completada la hoja de una carta, ésta se giraba noventa grados y se la cubría con una segunda capa de texto en forma perpendicular o diagonal. De este modo, se abarataban los costos de envío, puesto que estos dependían tanto de la distancia que tenía que recorrer la carta como de la cantidad de páginas que ocupara.

La implementación de reformas que bajaron las tarifas postales hizo que la escritura cruzada cayera en desuso. Varios manuales de estilo epistolar de fines del siglo XIX y principios del siglo XX censuran esta práctica, alegando que es desconsiderada respecto al remitente: implica que no se lo estima lo suficiente como para gastar otra hoja de papel y demanda un tiempo extra de lectura.

No obstante, siguió siendo una práctica común en cartas íntimas y románticas —la superposición de capas de texto permitía ocultar mensajes— y domésticas.