Donación Schávelzon: arqueología mesoamericana en la Biblioteca Nacional

Primer ex-libris de Daniel Schávelzon
“Amérique précolombienne”

Recientemente, Daniel Gastón Schávelzon legó a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno una importante biblioteca especializada en temas de arqueología mesoamericana. La donación ha contribuido notablemente al enriquecimiento de nuestro acervo, tanto a nivel material como simbólico. El público pronto podrá consultar estos volúmenes únicos, que acercan a nuestra Biblioteca a la historia de Latinoamérica.

Schávelzon (1950) es un arquitecto y arqueólogo argentino. Inició su carrera profesional en este campo en Ecuador y más tarde México, donde se desempeñó como docente e investigador y se interesó particularmente por la conservación y restauración de monumentos prehispánicos. De regreso en la Argentina en 1984, inició el Programa de Arqueología Urbana en la Universidad de Buenos Aires y dirige desde 1991, dentro de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, el Centro de Arqueología Urbana. Impulso también la creación del Área de Arqueología Urbana en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Área Fundacional de Mendoza.

Mapa arqueológico de Oaxaca en la portada de uno de los libros y el segundo ex-libris de Schávelzon

Ha publicado importantes libros sobre sus áreas de especialidad y ha sido galardonado dentro y fuera del país con premios y becas, como la beca Guggenheim (1994); Getty Grant Program (1991), Harvard University-Dumbarton Oaks (1996), DAAD Berlín (1988) y Centro de Antropología Comparada de la Universidad de Bonn (1998). Realiza numerosos trabajos de campo y viajes periódicos por Estados Unidos y América Latina.

 

 

En el centenario de Alberto Girri

Fotografías: cortesía de la Revista Ñ

El poeta, ensayista y traductor Alberto Girri nació en Buenos Aires el 27 de noviembre de 1917 y falleció en la misma ciudad el 16 de noviembre de 1991. Su primer libro, Playa sola, fue publicado en 1946 y lo distinguió entre los poetas de la llamada “generación del 40”. Su escritura ascética e intelectual—alejada de todo sentimentalismo y rupturista en cuanto a la sintaxis—lo convirtió en un “poeta de poetas”, una suerte de escritor de culto.

Se destacó especialmente como traductor: su labor fundamental para introducir y difundir la poesía en lengua inglesa en un ámbito que tenía puesta la mirada en la poesía francesa de vanguardia. Tradujo a, entre otros, John Donne, T.S. Eliot, Wallace Stevens, William Carlos Williams, Robert Lowell y Frank O’Hara. En muchas ocasiones, sus traducciones fueron las primeras (e incluso las únicas) de estos poetas a la lengua castellana.

En nuestro país, colaboró asiduamente con los suplementos culturales de La Nación y con la revista Sur. También trabajó con William Shand en la confección del libreto de Beatrix Cenci, la ópera de Alberto Ginastera estrenada en 1971 en Washington D.C.. A pesar de su bajo perfil, su obra poética fue objeto de tesis y estudios fuera de la Argentina; colaboró, también, con la revista Vuelta, dirigida por el prestigioso poeta y ensayista mexicano Octavio Paz.

Fotografías: cortesía de la Revista Ñ

A 100 años de su nacimiento y 26 de su muerte, sus amigas y herederas Nina de Kalada y Raquel Lynch donaron a la Biblioteca Nacional un importante archivo personal del poeta: una colección de recortes meticulosamente ordenados por el poeta da cuenta de sus apariciones en la prensa nacional e internacional y de sus asiduas colaboraciones con otros escritores y artistas; una vasta colección de cartas con remitentes como Manuel Mujica Láinez, Victoria Ocampo, María Elena Walsh y Sara Gallardo revelen el alcance de las amistades literarias que cultivó Girri a lo largo de su vida.

Por otro lado, sus cuadernos de notas, pruebas de imprenta y originales corregidos a mano permiten vislumbrar el proceso creativo de un escritor muy particular, que se proyecta como casi ningún otro sobre las nuevas generaciones. Hasta fin de año, se exhibe en el tercer piso de la Biblioteca Nacional una selección de papeles personales que ilumina la figura del poeta.

Ingresa el archivo audiovisual de Amelia Bence

Amelia Bence fotografiada por Annemarie Heinrich para la revista “Radiolandia”.

Amelia Bence —pseudónimo de María Batvinik— nació en Buenos Aires el 13 de noviembre 1914 y murió en esta misma ciudad el 8 de febrero de 2016, a los 101 años. Diva de los años de oro del cine argentino, Bence se inició en el mundo de la actuación siendo muy joven. Había sido alumna de Alfonsina Storni en el Teatro Infantil Labardén y de Mecha Quintana en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación.

Bence en un figurín del vestuarista Horace Lannes.

 

Su primer papel cinematográfico fue en el segundo film sonoro argentino: Dancing (1933), de Luis Moglia Barth. Saltó a la fama con La guerra gaucha (1942) y se convirtió en una destacada figura del espectáculo. Sus ojos celestes y su papel en Los ojos más lindos del mundo (1943), de Luis Saslavsky, le valieron el apodo que la acompañaría toda su vida. Su papel en Alfonsina (1952) fue sumamente elogiado; la película fue elegida representante de la Argentina en el Festival Internacional del Cine de Berlín.

Registro de radioteatros con participación de Amelia Bence.

 

Protagonizó cerca de 50 películas en nuestro país y en el extranjero. Obtuvo en varias ocasiones el premio a la mejor actriz de la Asociación de Cronistas Cinematográficos y la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina. Durante la última etapa de su carrera, se dedicó sobre todo a la televisión.

Participaciones de Amelia Bence en televisión: Conversando con Mirtha Legrand, reportajes, etc.

 

 

Gracias a la donación de su gran amigo Luis Palacios y al diseñador de vestuario Horace Lannes, la BNMM pronto incorporará a su Audioteca / Mediateca el archivo audiovisual de la actriz: contiene registros de sus participaciones en televisión y radio.

 

Más alla de la letra: la biblioteca de Roberto Juarroz

Pero, sobre todo, la biblioteca es una espera
Que va más allá de letra,
Más allá del abismo.
La espera concentrada de acabar con la espera,
De ser más que la espera,
De ser más que los libros,
De ser más que la muerte.
Roberto Juarroz, “La biblioteca”.

La BNMM anuncia un nuevo ingreso a su acervo: la biblioteca personal del poeta, bibliotecario, crítico, académico y ensayista argentino Roberto Juarroz (1925 – 1995).

Juarroz nació en el seno de una familia de ascendencia vasca en Coronel Dorrego, un pueblo de la Pampa Húmeda. Su padre era el jefe de la estación de ferrocarril y posteriormente mudó a su familia a Adrogué; allí, Juarroz se desempeñó como bibliotecario en el Colegio Nacional. Estudió Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad de Buenos Aires, donde posteriormente ejerció la docencia y dirigió el Departamento de Bibliotecología y Documentación. Perfeccionó su formación en La Sorbona y se desempeñó como bibliotecario en la OEA y en la UNESCO.

Traducción de un poema de Juarroz en una postal francesa

 

Miembro de número de la Academia de Letras, fue crítico cinematográfico y bibliográfico y dirigió la revista Poesía = Poesía entre 1958 y 1965. Su obra poética fue vertida a varios idiomas y está reunida— exceptuando una colección de poemas realistas— en Poesía vertical, una serie de volúmenes numerados que apareció en catorce entregas entre 1958 y 1997. Recibió numerosos premios y reconocimientos a su labor poética. Tradujo a varios poetas extranjeros, entre los que se destaca Antonin Artaud.

Poema manuscrito de Juarroz en un libro de Aldous Huxley.

Su biblioteca es la huella de un itinerario que combina varias disciplinas y campos del saber: consta de unos 15.000 volúmenes, en su mayoría de literatura —sobre todo poesía—en lengua castellana y francesa. Incluye también libros de bibliotecología, filosofía y cultura general. Algunos libros están anotados y comentados profusamente, se intercalan papeles y notas mecanografiadas y manuscritas (propias y ajenas).

Entre los libros, primeras ediciones de García Márquez y Cortázar, entre otros.

 

 

La donación fue realizada por iniciativa de su hija, Ileana Juarroz, y su viuda, Laura Cerrato, en cumplimiento de los deseos del poeta. Estará disponible a la brevedad para su consulta pública.

Un libro impreso en plena Revolución Francesa

Principales eventos de la Revolución, especialmente de la “semana notable”, representados por doce “figuras” en “intaglio” muy bien ejecutadas, con un historial preciso.

En junio de este año, la familia del escritor, periodista e historiador Jorge Emilio Gallardo (1939 – 2012) nos cedió su biblioteca personal, un acervo bellísimo de 1200 libros de literatura, historia y antropología, sobre todo acerca de la “tradición rioplatense” y del africanismo en la región.

Mientras hacíamos el inventario de la donación -entre libros de John Dee, Marcel Mauss, y J. B. Alberdi, por nombrar algunos- encontramos un antiguo libro en francés que resultó ser una rareza de la bibliotecología mundial. Sin indicios de autor o editorial, en la portada del libro se inscribe “l’an deuxième de la liberté”, lo que correspondería al período entre septiembre de 1793 y septiembre de 1794, pleno Terror de la Revolución Francesa.

Aparentemente, este libro se encuentra en apenas cinco bibliotecas del mundo.

Como queda claro en el título, el libro es un relato sintético del proceso desencadenado en 1789: hace pasar sus capítulos por “figuras” que “ilustran” y resumen el transcurso de la Revolución. Como apéndice, el libro adjunta una lista alfabética de los apellidos “más distinguidos en la Toma de la Bastilla”.

Primer “cuadro”, o capítulo: “Soy francés, y escribo para los franceses. Existo, he visto…”

Se atribuye la autoría de este libro a François Guillaume Ducray-Duminil (1761-1819), poeta, novelista, dramaturgo, compositor y editor literario del Journal des Petites Affiches de Paris. Totalmente olvidado hoy en día, Ducray-Duminil era muy conocido en la época. Su obra era leída por todo el pueblo europeo, pero detestada por la mayoría del ámbito literario parisino. Así, en Los Miserables de Víctor Hugo, sus libros, los preferidos de la Madame Thénardier, son tachados de “estúpidos romances”.

Una vitrina para “Tirso”, editorial pionera

Abelardo Arias y Dante Savi, Mar del Plata, 1952.

Ediciones Tirso surge a mediados de la década de 1950 por iniciativa de los escritores Abelardo Arias y Renato Pellegrini y el pintor Dante Savi. Gracias a una beca, Arias había viajado a París en 1952, donde frecuentó diversos círculos literarios y entró en contacto con escritores franceses; de estos intercambios surgió la idea de difundir algunas de su obras en castellano.

Segunda edición del clásico de Peyrefitte, 1957.

La editorial dio a conocer su primera publicación en 1957: Las amistades particulares, de Roger Peyrefitte. Sudamericana había rechazado la novela: trataba del vínculo homoerótico entre dos jóvenes en un internado católico francés y ya había resultado escandalosa en su país de origen. De hecho, la intendencia de Buenos Aires la prohibió por seis meses, pero la novela fue un éxito de ventas y se reimprimió al menos tres veces el mismo año de su publicación.

Esta primera experiencia da cuenta de la labor pionera que llevaría a cabo Tirso en la difusión de libros que abordaban temáticas homosexuales y el riesgo que esto conllevaba en una época en la que regían censuras legales y morales. El ambiente literario local respondió con miedo, indiferencia y hostilidad.

Tarjeta de negocios de Arias.

Sostenidos por la respuesta de un público secreto y ávido—y por una convicción moral única en su época— estos tres jóvenes llevaron a cabo la tarea titánica de gestionar los derechos, traducir, diseñar los volúmenes y hasta distribuir los libros de un catálogo que incluyó, entre otros, a André Gide, Julien Green, Roger Martin du Gard, Henry de Montherlant, Marcel Jouhandeau, Albert Simonin y Carlo Coccioli.

Dante Savi en su casa de Once, con Nuria Dimotta (Departamento de Archivos), Leopoldo Brizuela y el sociólogo Ernesto Meccia, 2016. Foto por Javier Nadra

 

En 2016, poco antes de morir, Dante Savi donó a la Biblioteca Nacional el archivo personal de Abelardo Arias, con abundante material sobre la gesta de Tirso. Hasta fines de noviembre se exhibe en el tercer piso de la BNMM una selección que da cuenta de la magnitud de este singular proyecto. Incluye fotografías, diarios de viaje, recortes periodísticos y algunas de las publicaciones más insignes e innovadoras de Tirso.

Horace Lannes: los años dorados del cine argentino

Horace Lannes y Amelia Bence en el Festival de Cine de Mar del Plata (1968)

El nombre de Horace Lannes—vestuarista de cine, radio, televisión y teatro—ha quedado asociado indeleblemente al del cine argentino y sus divas más insignes. Nacido en Flores en 1931, Lannes inició su carrera como vestuarista de cine en La mujer de las camelias (1953) de Enrique Arancibia. Protagonizado por Zully Moreno, el film fue galardonado con el Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa. A partir de allí, diseñó el vestuario para más de cien películas que abarcaron todos los géneros y las épocas; también, a instancias de su propietario, se ocupaba de la ropa de las vedettes del Teatro Maipo.

Figurines de varios autores, clasificados por época

Lannes confeccionó ropa para Amelia Bence, Mirtha Legrand, Susana Giménez, Graciela Borges, Tita Merello, Libertad Lamarque, Mercedes Carreras, Elsa Daniel (cuyo vestido para La novia, de 1961, fue icónico y muy emulado) y Lolita Torres, entre muchísimas otras. En 2010, con motivo del Bicentenario, el INCAA y la Secretaria de Cultura auspiciaron la publicación de Moda y vestuario en el cine argentino, en el que Lannes recopila fotografías y bocetos de trabajos propios y de otros vestuaristas a los que rinde homenaje.  El proyecto del libro había sido, originalmente, una sugerencia de Tita Merello y Zully Moreno, que conocían los archivos, colecciones de fotografías, trajes y diseños de Lannes. Figurines y fotografías ilustran casi un siglo de cine argentino.

Figurines de Lannes: Iliana Calabró, Andrea del Boca y Victoria Carreras

Para Lannes, la distinción entre diseñador de moda o ropa y diseñador de vestuario es esencial. El diseñador de vestuario emplea técnicas distintas: tiene que leer el argumento, leer a los personajes y a sus antagonistas; también debe considerar qué actores representarán a esos personajes, las locaciones, el mobiliario y los horarios de filmación.

Dedicatoria de Horace Lannes

Recientemente, Lannes se acercó a la BNMM para hacernos llegar el archivo audiovisual de su gran amiga Amelia Bence y un ejemplar dedicado de su propio libro. Pronto estará disponible para su consulta.

 

La biblioteca personal de Eliahu Toker

Pensando en distintos idiomas
y andando diferentes destinos 
seguíamos siendo un solo pueblo 
habitante de un territorio metafísico…
Eliahu Toker, “Saga Judía”.

El 10 de septiembre el programa de radio de la Biblioteca Nacional, La muralla y los libros, nos invitó a conversar sobre la donación de la biblioteca personal de Eliahu Toker (1934-2010), arquitecto, poeta y escritor judeo-argentino, traductor del hebreo y del ídish. Estuvieron con nosotros Ana Weinstein (Centro de Documentación e Información sobre judaísmo argentino “Marc Turkow” en la AMIA) y Pompi Penchansky (Fundación Internacional “Raoul Wallenberg”).

Los libros de humor conforman gran parte del acervo.

Al recibir una biblioteca personal, lo más apasionante es la posibilidad de “conocer” a la persona en cuestión a partir de sus lecturas. Los libros en distintos idiomas -del alemán al portugués, del ídish al inglés- retratan las idas y vueltas de un verdadero viajero; los temas recurrentes marcan la pasión de un autodidacta, de alguien que, según Leopoldo Brizuela, “compraba libros por deseo, jamás porque hubiera que tenerlos. Eliahu fue poeta y humorista, las dos cosas más desinteresadas dentro de la cultura”.

Un clásico, con firma de Eliahu y un señalador muy simpático.

Para Toker, el gran desafío estaba en “tratar de expresar lo judío de la condición argentina y lo argentino de la condición judía”, dijo Ana Weinstein. Los veinte años de trabajo en conjunto de Weinstein y Toker dejaron una importante serie libros y exposiciones, reflejo de una búsqueda de “los ingredientes componen nuestra cultura. Qué trae cada uno. Qué se debe conocer del otro. Qué es lo que se quiere seguir siendo.”

Así, ambos se dieron cuenta -sobre todo en dos de sus libros, Nietos y abuelos. Un intenso vínculo y En el espejo de la lengua ídish (Selección de textos argentinos)– que desde lo particular de lo judeo-argentino se puede pensar lo general de la condición humana: “Quisimos poner en claro cuánto de la creatividad de esos inmigrantes judíos, que llegaban hablando de sus cosas, expresaba al inmigrante en general. El italiano, el español, el armenio, y tantos otros que salían a buscar trabajo”.

Ex-libris Eliahu Toker.

Luego de un año de trabajo en conjunto, la BNMM se complace en comunicar que los 6.000 ejemplares que componen la Biblioteca Personal Eliahu Toker pronto entrarán en proceso de catalogación.

Agradecemos a todos los involucrados, especialmente a la familia de Eliahu: a Carina y Gabriel, sus hijos, y Clara, su mujer, que en paz descanse.

Correspondencia de José Santos Chocano a Leopoldo Lugones

Por Laura Giussani Constenla

Departamento de Archivos y Colecciones Particulares

Abrir las cajas que pueblan los anaqueles de un archivo significa descubrir tesoros escondidos de los cuales, en ocasiones, se ignora por completo la procedencia. Tal es el caso de las cartas manuscritas originales enviadas por José Santos Chocano —poeta peruano nacido a fines del ochocientos— a su maestro y amigo Leopoldo Lugones que pueden encontrarse en el fondo de la familia Giussani-Constenla. Más allá de la sensualidad que ofrecen estos papeles escritos a pluma, con sus sellos de época y el color que el tiempo les impuso, descubrir la correspondencia de Chocano nos permite navegar en el espíritu de aquel mundo novelesco de inicios del siglo XX, cuando palabras y actos eran igual de exuberantes.

1925. Dos críticas a la famosa “hora de la espada” de Lugones dejan “completamente desconcertado” a Santos Chocano.

Al ilustre poeta peruano no había experiencia vital que le fuera ajena. Antes de los 20 años ya había pasado por una cárcel submarina acusado de subversión pero, como nada es eterno en la vida, cambió el gobierno y obtuvo los favores del poder: se convirtió en diplomático. Viajó por media Latinoamérica y España. Estuvo envuelto en estafas, fue secretario personal de Pancho Villa en México, se salvó de ser fusilado en Guatemala por su apoyo al dictador Manuel Estrada. En tanto, escribía sus poemas impulsado por el ánimo modernista de amigos como Gregorio Pueyo, quien en 1906 le publicó su primer poemario, “Alma América”. Envalentonado, dos años después declaró: “Walt Withman tiene el norte, pero yo tengo el sur”.

En 1924 conoció a Leopoldo Lugones en un encuentro de escritores en Lima. Festejaban el centenario de la Batalla de Ayacucho. Chocano elogiaba las “dictaduras organizadoras”. Fue entonces cuando Lugones pronunció su famosa frase “ha llegado la hora de la espada”. La admiración de Chocano por el poeta argentino no tuvo límites. Una de las cartas encontradas es de junio de 1925: allí narra con detalles las repercusiones que sus dichos obtuvieron en la prensa, indignado por las ácidas críticas del mexicano José Vasconcelos.

Chocano entendía la vida como una conspiración permanente y consideraba a La Universidad de San Marcos y al periódico El Comercio como sus grandes enemigos. “La universidad es la gran vinculadora de los farsantes”, dice una de las frases que Chocano le envía a Lugones, “ellos forman a los abogados y los jueces”, insiste para explicar los motivos de su persecución.

Telegrama del presidente Leguía a Lugones, respondiendo el pedido de libertad para Santos Chocano.

Finalmente, Santos Chocano vuelve a la cárcel. No por conspiración alguna, sino porque el 31 de octubre de 1925 asesinó con un tiro certero al poeta Edwin Elmore en las puertas del diario El Comercio. La razón de su ira fue que Elmore había firmado un acta de desagravio a favor de Vasconcelos luego de que Chocano escribiera una diatriba en su contra titulada: “Apóstoles y Farsantes”. Unos meses después de este episodio, Chocano le escribe a Lugones: “El portador de la presente será para Vd carta viva… él le contará los detalles del ‘asesinato’ del que estoy siendo víctima”.

El ideario americanista que siempre guió a José Santos Chocano quedó reflejado en uno de sus poema más conocidos: Blasón. “Soy el cantor de América/ autóctono y salvaje:/ mi lira tiene un alma, mi canto un ideal./ Mi verso no se mece colgado de un ramaje/ con vaivén pausado de hamaca tropical…// Cuando me siento inca, le rindo vasallaje/ al Sol, que me da el cetro de su poder real;/ cuando me siento hispano y evoco el coloniaje/ parecen mis estrofas trompetas de cristal./ Mi fantasía viene de un abolengo moro:/ los Andes son de plata, pero el león, de oro,/ y las dos castas fundo con épico fragor.// La sangre es española e incaico es el latido;/ y de no ser Poeta, quizá yo hubiera sido/ un blanco aventurero o un indio emperador.”

1926. “Querido Lugones: Acabo de leer unas notas insolentes que contra Vd…”

Entre los papeles de los Giussani se encuentra también el telegrama enviado por el Presidente de Perú, Augusto Bernardino Leguía, agradeciéndole a Lugones y demás intelectuales por haber intercedido a favor del poeta y asegurando que haría lo necesario para obtener su libertad, cosa que logró con una amnistía en 1927.

Por qué motivo esas cartas fueron a parar a la casa de Pablo Giussani y Julia Constenla, es otro misterio que deberán develar los investigadores interesados en desentrañar el curioso derrotero de los papeles. Lo cierto es que José Santos Chocano murió como vivió, de una manera increíble: fue asesinado en un ómnibus en Chile por un tal Martin Bruce Padilla, quien estaba convencido de que Chocano poseía un mapa en donde se indicaba un tesoro de oro en las montañas.

Programas Santa Clara, televisión educativa por cable

Revista y guía didáctica de “Educable”. Junio – Julio de 2001.

La Mediateca de la BNMM pronto ampliará su acervo con la llegada de 350 DVD’s de televisión educativa a distancia, con programas sobre arte, literatura, ciencias sociales y naturales, matemática y tecnología. La colección fue donada por Pedro Simoncini, distinguido empresario de medios y fundador de Programas Santa Clara, antigua difusora del material.

En contra de la “televisión destructiva”, Simoncini supo manifestar que tanto en ella como en la publicidad y en otros medios “el criterio comercial prevalece por encima del interés público” y “la sociedad es apabullada por una descarga permanente de elementos inconvenientes para su salud física, intelectual y moral”, fenómeno que para él dependía de “un núcleo de no más de 60 personas”.

Más adelante, Simoncini fundaría TV Quality, primera difusora de documentales del país; Educable, sistema educativo privado de televisión por cable y Contenidos.com, portal educativo vía internet.

En la imagen de la derecha enlazamos una muestra de uno de los programas donados, “Un siglo de Arte Moderno. Realismo”: