Archivos y libros de Alejandra Pizarnik

Por Evelyn Galiazo
Dirección de Investigaciones

Hinc sunt dracones. Hinc sunt leones. Según Mariana Di Ció –que ha dedicado largos años a estudiar sus manuscritos, conservados en la Biblioteca de la Universidad de Princeton– cualquier investigación sobre Alejandra Pizarnik podría comenzar con estas expresiones latinas que los antiguos cartógrafos empleaban para señalar regiones desconocidas. Aunque en las últimas décadas se publicaron numerosos inéditos –entre ellos sus Prosas y sus tan esperados Diarios–, aunque se multiplicaron las ediciones, las traducciones y los estudios críticos que intentan desentrañar los secretos resortes de su poética, la obra de Pizarnik continúa siendo en cierta medida una terra incógnita. Vastas zonas de su trabajo todavía esperan ser descubiertas, recorridas y descifradas.

 

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno incorporó recientemente nuevas piezas, hasta ahora ignoradas, que se añaden a la constelación –dispersa en bibliotecas y archivos de distintas partes del mundo– de manuscritos, libros y documentos de la poeta. En diciembre de 2016 Cristina Piña –biógrafa y editora de Pizarnik durante los 90– le comentó a Leopoldo Brizuela –encargado de rastrear archivos de escritores de interés para la institución– que la familia de Pizarnik todavía conservaba algunos de sus libros. Con ese único dato me puse en contacto con los herederos y luego de dieciocho meses de gestiones se concretó la donación no sólo de 122 ejemplares de la biblioteca personal de Alejandra sino también de una serie de carpetas con papeles de la poeta que aún atesoraba en silencio su hermana mayor, Myriam Pizarnik de Nesis. Este patrimonio pasó a enriquecer el Fondo Pizarnik de la BNMM, antes conformado por 650 volúmenes adquiridos en el año 2007.

 

Sucesivas conversaciones con Myriam me permitieron reconstruir las peripecias que sufrió el material del que tanto le costó desprenderse. “Disculpame. Quería hacer algo porque ya estoy grande pero una parte de mí se resistía a soltar todo esto. Le di muchas vueltas al asunto hasta que me di cuenta de que dejarlo en un lugar donde lo aprecien como yo es lo mejor que todavía puedo hacer por Alejandra” –me dijo una tarde mirando en la pared el retrato de su hermana y sus dibujos enmarcados, por fin convencida de la importancia de que el material permanezca en Argentina, al alcance de los investigadores de nuestro país. Entre libros y café fueron apareciendo más fragmentos del mundo de Alejandra: cajitas, muñecas diminutas, anécdotas, costumbres de la infancia.
Según cuenta Myriam, cuando se vendió el departamento de la calle Montevideo donde Alejandra vivió sus últimos años, sus libros fueron mudados a la casa que la familia tenía en Barracas. Fallecidos los padres se hizo necesario vender también esa propiedad y Myriam, única heredera de la biblioteca familiar y de la biblioteca de su hermana, los conservó en la baulera de su domicilio. Pero quiso la desgracia que esa baulera fuera la única que se inundara en el edificio de Villa del Parque donde vivía con su marido y sus dos hijos. Pudo rescatar la mayor parte de las cajas pero a falta de espacio se deshizo de muchos libros. En ese momento el poeta y traductor Pablo Ingberg recibió de Mario Nesis, amigo personal y viejo compañero de trabajo en el Banco Central –el sobrino mayor de Pizarnik– los 650 volúmenes que luego le vendió a la BNMM. No me queda del todo claro si también fue entonces que Ana Becciú –amiga de Pizarnik, editora póstuma y albacea de la poeta– se quedó con otros 400 libros que luego decidió donar a la Biblioteca Nacional de Maestros. Myriam retuvo el resto de la biblioteca de sus hermana menor y todos los papeles que consiguió guardar en esa casa hoy habitada por tantos recuerdos.
Algunos de los libros que acaban de ingresar al Fondo Pizarnik de la BNMM están dedicados por destacados personajes de la cultura argentina de los sesentas, como su segundo analista, Enrique Pichón Rivière, o el poeta Alberto Girri. Otros están firmados y fechados por ella entre 1954 y 1971, además de subrayados y anotados con su inconfundible letra. Se destacan algunas piedras preciosas que los fetichistas hace tiempo esperábamos poder hojear, como las Voces de Antonio Porchia, a quien Pizarnik define como “una cruza de Heráclito con Blake, o de Hölderlin con Rimbaud” en una carta inédita que le dirige a la uruguaya Clara Silva en 1956 y que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Uruguay.

Pero lo que verdaderamente arroja nuevas luces sobre la belleza oscura de su obra son sus papeles. Dentro de los libros de Pizarnik adquiridos en 2007 se había descubierto un pequeño tesoro de miniaturas de papel: dibujitos, esquelas, anotaciones personales, cartas sin terminar, postales y algunos borradores; apenas una muestra, la punta de ese iceberg que constituyen los Alejandra Pizarnik Papers de Princeton. Sin acercarse a ese archivo, lo que ahora ingresa a la BNMM es un conjunto más que considerable: una caja, un cuaderno y cuatro carpetas con papeles personales, recortes periodísticos sobre ella y su obra –que la misma Pizarnik recortaba y clasificaba–, separatas, fotocopias de publicaciones y de algunos manuscritos. Hay originales mecanografiados y corregidos a mano de textos publicados en Sur, El nacional o El corno emplumado. Mecanografiado en cursiva sobre una hoja verde agua con correcciones manuscritas en tinta roja el texto escrito por Enrique Pezzoni para la presentación de Extracción de la piedra de la locura nos transporta a una tarde de 1968 en la Galería Bonino, de la que autora y presentador eran habitués. Hay rarezas como una partitura para canto y piano que Alejandro Pinto compuso sobre 18 pequeños poemas de Pizarnik y la aplicación para la Beca Guggenheim, que Pizarnik obtuvo en 1968. El reverso de una de sus hojas testimonia en tinta verde el modo artesanal en que se presentaba la documentación en el pasado como el vértigo que le provocaba Alejandra toda burocracia. Con la letra apurada del que anota una información dictada por teléfono escribe los requisitos de la presentación –“doce copias”, “una declaración jurada esbozando brevemente lo q[ue] el solicitante desea hacer durante el período para el cual solicita la beca” etc. etc,– seguidos de un descargo: “me resulta difícil…”.

 

Hasta 1999, cuando se conformó el archivo de la poeta en los Estados Unidos, la existencia de esa nutrida colección de apuntes –escritos regularmente entre 1954 y 1972 en cuadernos, libretas y soportes de muy diversa índole– fue un secreto a voces que circulaba entre iniciados. Y luego continuó siendo, sino un secreto, al menos un lujo para investigadores acreditados que pudieran viajar a norteamérica. Por eso, el conjunto de documentos que acaban de llegar a la BNMM inaugura una nueva etapa en los estudios sobre Pizarnik en nuestro país. Con sus cambios de rumbo, su inestabilidad y su ambivalencia propias, los borradores de trabajo transforman la interpretación de esta obra que gira en torno a sí misma y a sus propios procedimientos de escritura. Si la obra de Pizarnik se construye sólo en la medida en que se transforma –de ahí el potencial alquímico del verbo–, sus papeles y materiales de trabajo no son elementos complementarios ni herramientas hermenéuticas, son parte esencial de una obra que en ellos se revela nunca completa, siempre por ser descubierta y en estado de permanente work in progress.

Una música infinitesimal: la poesía de Roberto Juarroz

Por Andrés Boiero, Sector de Adquisiciones

 

Comentario mecanografiado de Juarroz a un libro de Liliana Lukin

Roberto Juarroz es un poeta mayor. Un poeta vertical. La poesía de Juarroz cae a plomo desde las alturas hacia nosotros, lectores apasionados.

 
¿Qué quiero decir con “vertical”? Juarroz dialogó con lo existente a través de una aritmética particular, un lenguaje específico centrado en una línea geométrica trazada desde el espíritu hacia la lengua. Así como Héctor Viel Temperley nos enseñó a respirar un “poema”, Juarroz nos heredó una cartografía de navegación hacia nosotros mismos, una brújula, un nombrar lo naciente antes de ser capturado.

“Necesitamos a veces
descender a la nada,
Allí donde la nada
es una música infinitesimal,
lo único que se oye
cuando todo lo demás enmudece,
cuando el oído queda
completamente solo”

Poemas de Friedrich Hölderlin subrayados y anotados por Juarroz

Los poemas de Juarroz nos dan la mano, nos hacen comulgar con los infinitos planos de la realidad. Son pocos los Poetas que se atrevieron a estar tan cerca del fuego de la inmanencia. Pienso en Jacobo Fijman, en Hölderlin, en Roberto Bolaño, en Jacobo Regen. Pienso en la sombra de Juarroz atravesando los mares de Viel Temperley. Pienso en sus lecturas, en sus viajes, en sus libros.

Ejemplar las Confesiones de San Agustín, con apuntes manuscritos de sus alumnos de nivel medio y una postal con citas de Goethe

He tenido la fortuna de trabajar con la biblioteca de Roberto Juarroz, de ver sus notas, sus recortes de periódicos guardados entre sus libros, su “verticalidad”, sus dedicatorias, sus comentarios.

Juarroz es un poeta de “saltos” al vacío, un vacío abierto al encuentro con las fórmulas mágicas de lo vivo.

Olga Costa Viva: destellos de una vida

Olga con un familiar en Mar del Plata, 1931

Olga Costa Viva, académica y periodista nacida en 1928, pasó su infancia en Recoleta y en Banfield. Su padre era socio de Eduardo Retienne en la Droguería Etienne. Retienne, de ascendencia alsaciana, fue una suerte de abuelo postizo para Olga y fue quien la introdujo desde muy temprana edad en la cultura y la lengua alemana, Aprendió idiomas y baile clásico desde muy pequeña.

 

Olga Costa Viva en un viaje.

Se licenció en Letras en la Universidad de Buenos Aires y viajó a Alemania en la década de 1960 para realizar un doctorado en la Universidad de Friburgo, bajo la tutela del prestigioso romanista Hugo Friedrich, cuyo estudio acerca de la poesía moderna—Estructura de la lírica moderna—se considera un hito de la crítica literaria del siglo XX. La tesis de Costa Viva, publicada en 1968 por Alfaguara, trataba acerca de “las actitudes frente a la realidad” de Pedro Salinas, poeta, escritor, ensayista y celebrado traductor de la obra de Marcel Proust. Costa Viva pasó cerca de diez años en Alemania y siempre consideró que su estancia en este país fue una experiencia determinante en su vida.

Olga Costa Viva y Martin Heidegger en su casa en la Selva Negra, 1961.

A través un seminario acerca del poeta alemán Friedrich Hölderlin, Costa Viva conoció al filósofo Martin Heidegger.  Costa Viva y el autor de Ser y tiempo comenzaron una amistad muy intensa, que rápidamente adquirió tonalidades amorosas. Las cartas enviadas por Heidegger fueron subastadas en Sotheby’s en 2014 y contienen un poema en el que el filósofo—casado con Elfride Petri— confiesa su amor clandestino.

Los años de Costa Viva en Alemania culminaron en un dominio excelente del idioma alemán, de inestimable valor para su labor en el campo de la cultura. Formó parte de la comitiva argentina de la Feria del Libro de Frankfurt en la década del 70 y trabajó durante muchos años  como asesora literaria y en relaciones públicas de la Editorial Losada. Colaboró con diferentes publicaciones, entre ellas Panorama, La Nación, La Prensa, La Razón y el Buenos Aires Herald.

Olga Costa Viva junto a Gabriel García Márquez, sin fecha.

Gracias al aporte de Ángeles Cibiriain, la Biblioteca Nacional ha incorporado a su acervo la biblioteca y el archivo personal de Olga Costa Viva, que pronto estarán disponibles para su consulta. Cartas, fotografías, diarios, guías de viaje, manuscritos y memorias inéditas permiten reconstruir e iluminar la trayectoria de un personaje infrecuente.

Donación Schávelzon: arqueología mesoamericana en la Biblioteca Nacional

Primer ex-libris de Daniel Schávelzon
“Amérique précolombienne”

Recientemente, Daniel Gastón Schávelzon legó a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno una importante biblioteca especializada en temas de arqueología mesoamericana. La donación ha contribuido notablemente al enriquecimiento de nuestro acervo, tanto a nivel material como simbólico. El público pronto podrá consultar estos volúmenes únicos, que acercan a nuestra Biblioteca a la historia de Latinoamérica.

Schávelzon (1950) es un arquitecto y arqueólogo argentino. Inició su carrera profesional en este campo en Ecuador y más tarde México, donde se desempeñó como docente e investigador y se interesó particularmente por la conservación y restauración de monumentos prehispánicos. De regreso en la Argentina en 1984, inició el Programa de Arqueología Urbana en la Universidad de Buenos Aires y dirige desde 1991, dentro de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, el Centro de Arqueología Urbana. Impulso también la creación del Área de Arqueología Urbana en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Área Fundacional de Mendoza.

Mapa arqueológico de Oaxaca en la portada de uno de los libros y el segundo ex-libris de Schávelzon

Ha publicado importantes libros sobre sus áreas de especialidad y ha sido galardonado dentro y fuera del país con premios y becas, como la beca Guggenheim (1994); Getty Grant Program (1991), Harvard University-Dumbarton Oaks (1996), DAAD Berlín (1988) y Centro de Antropología Comparada de la Universidad de Bonn (1998). Realiza numerosos trabajos de campo y viajes periódicos por Estados Unidos y América Latina.

 

 

En el centenario de Alberto Girri

Fotografías: cortesía de la Revista Ñ

El poeta, ensayista y traductor Alberto Girri nació en Buenos Aires el 27 de noviembre de 1917 y falleció en la misma ciudad el 16 de noviembre de 1991. Su primer libro, Playa sola, fue publicado en 1946 y lo distinguió entre los poetas de la llamada “generación del 40”. Su escritura ascética e intelectual—alejada de todo sentimentalismo y rupturista en cuanto a la sintaxis—lo convirtió en un “poeta de poetas”, una suerte de escritor de culto.

Se destacó especialmente como traductor: su labor fundamental para introducir y difundir la poesía en lengua inglesa en un ámbito que tenía puesta la mirada en la poesía francesa de vanguardia. Tradujo a, entre otros, John Donne, T.S. Eliot, Wallace Stevens, William Carlos Williams, Robert Lowell y Frank O’Hara. En muchas ocasiones, sus traducciones fueron las primeras (e incluso las únicas) de estos poetas a la lengua castellana.

En nuestro país, colaboró asiduamente con los suplementos culturales de La Nación y con la revista Sur. También trabajó con William Shand en la confección del libreto de Beatrix Cenci, la ópera de Alberto Ginastera estrenada en 1971 en Washington D.C.. A pesar de su bajo perfil, su obra poética fue objeto de tesis y estudios fuera de la Argentina; colaboró, también, con la revista Vuelta, dirigida por el prestigioso poeta y ensayista mexicano Octavio Paz.

Fotografías: cortesía de la Revista Ñ

A 100 años de su nacimiento y 26 de su muerte, sus amigas y herederas Nina de Kalada y Raquel Lynch donaron a la Biblioteca Nacional un importante archivo personal del poeta: una colección de recortes meticulosamente ordenados por el poeta da cuenta de sus apariciones en la prensa nacional e internacional y de sus asiduas colaboraciones con otros escritores y artistas; una vasta colección de cartas con remitentes como Manuel Mujica Láinez, Victoria Ocampo, María Elena Walsh y Sara Gallardo revelen el alcance de las amistades literarias que cultivó Girri a lo largo de su vida.

Por otro lado, sus cuadernos de notas, pruebas de imprenta y originales corregidos a mano permiten vislumbrar el proceso creativo de un escritor muy particular, que se proyecta como casi ningún otro sobre las nuevas generaciones. Hasta fin de año, se exhibe en el tercer piso de la Biblioteca Nacional una selección de papeles personales que ilumina la figura del poeta.

Ingresa el archivo audiovisual de Amelia Bence

Amelia Bence fotografiada por Annemarie Heinrich para la revista “Radiolandia”.

Amelia Bence —pseudónimo de María Batvinik— nació en Buenos Aires el 13 de noviembre 1914 y murió en esta misma ciudad el 8 de febrero de 2016, a los 101 años. Diva de los años de oro del cine argentino, Bence se inició en el mundo de la actuación siendo muy joven. Había sido alumna de Alfonsina Storni en el Teatro Infantil Labardén y de Mecha Quintana en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación.

Bence en un figurín del vestuarista Horace Lannes.

 

Su primer papel cinematográfico fue en el segundo film sonoro argentino: Dancing (1933), de Luis Moglia Barth. Saltó a la fama con La guerra gaucha (1942) y se convirtió en una destacada figura del espectáculo. Sus ojos celestes y su papel en Los ojos más lindos del mundo (1943), de Luis Saslavsky, le valieron el apodo que la acompañaría toda su vida. Su papel en Alfonsina (1952) fue sumamente elogiado; la película fue elegida representante de la Argentina en el Festival Internacional del Cine de Berlín.

Registro de radioteatros con participación de Amelia Bence.

 

Protagonizó cerca de 50 películas en nuestro país y en el extranjero. Obtuvo en varias ocasiones el premio a la mejor actriz de la Asociación de Cronistas Cinematográficos y la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina. Durante la última etapa de su carrera, se dedicó sobre todo a la televisión.

Participaciones de Amelia Bence en televisión: Conversando con Mirtha Legrand, reportajes, etc.

 

 

Gracias a la donación de su gran amigo Luis Palacios y al diseñador de vestuario Horace Lannes, la BNMM pronto incorporará a su Audioteca / Mediateca el archivo audiovisual de la actriz: contiene registros de sus participaciones en televisión y radio.

 

Más allá de la letra: la biblioteca de Roberto Juarroz

Pero, sobre todo, la biblioteca es una espera
Que va más allá de letra,
Más allá del abismo.
La espera concentrada de acabar con la espera,
De ser más que la espera,
De ser más que los libros,
De ser más que la muerte.
Roberto Juarroz, “La biblioteca”.

La BNMM anuncia un nuevo ingreso a su acervo: la biblioteca personal del poeta, bibliotecario, crítico, académico y ensayista argentino Roberto Juarroz (1925 – 1995).

Juarroz nació en el seno de una familia de ascendencia vasca en Coronel Dorrego, un pueblo de la Pampa Húmeda. Su padre era el jefe de la estación de ferrocarril y posteriormente mudó a su familia a Adrogué; allí, Juarroz se desempeñó como bibliotecario en el Colegio Nacional. Estudió Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad de Buenos Aires, donde posteriormente ejerció la docencia y dirigió el Departamento de Bibliotecología y Documentación. Perfeccionó su formación en La Sorbona y se desempeñó como bibliotecario en la OEA y en la UNESCO.

Traducción de un poema de Juarroz en una postal francesa

 

Miembro de número de la Academia de Letras, fue crítico cinematográfico y bibliográfico y dirigió la revista Poesía = Poesía entre 1958 y 1965. Su obra poética fue vertida a varios idiomas y está reunida— exceptuando una colección de poemas realistas— en Poesía vertical, una serie de volúmenes numerados que apareció en catorce entregas entre 1958 y 1997. Recibió numerosos premios y reconocimientos a su labor poética. Tradujo a varios poetas extranjeros, entre los que se destaca Antonin Artaud.

Poema manuscrito de Juarroz en un libro de Aldous Huxley.

Su biblioteca es la huella de un itinerario que combina varias disciplinas y campos del saber: consta de unos 15.000 volúmenes, en su mayoría de literatura —sobre todo poesía—en lengua castellana y francesa. Incluye también libros de bibliotecología, filosofía y cultura general. Algunos libros están anotados y comentados profusamente, se intercalan papeles y notas mecanografiadas y manuscritas (propias y ajenas).

Entre los libros, primeras ediciones de García Márquez y Cortázar, entre otros.

 

 

La donación fue realizada por iniciativa de su hija, Ileana Juarroz, y su viuda, Laura Cerrato, en cumplimiento de los deseos del poeta. Estará disponible a la brevedad para su consulta pública.

Un libro impreso en plena Revolución Francesa

Principales eventos de la Revolución, especialmente de la “semana notable”, representados por doce “figuras” en “intaglio” muy bien ejecutadas, con un historial preciso.

En junio de este año, la familia del escritor, periodista e historiador Jorge Emilio Gallardo (1939 – 2012) nos cedió su biblioteca personal, un acervo bellísimo de 1200 libros de literatura, historia y antropología, sobre todo acerca de la “tradición rioplatense” y del africanismo en la región.

Mientras hacíamos el inventario de la donación -entre libros de John Dee, Marcel Mauss, y J. B. Alberdi, por nombrar algunos- encontramos un antiguo libro en francés que resultó ser una rareza de la bibliotecología mundial. Sin indicios de autor o editorial, en la portada del libro se inscribe “l’an deuxième de la liberté”, lo que correspondería al período entre septiembre de 1793 y septiembre de 1794, pleno Terror de la Revolución Francesa.

Aparentemente, este libro se encuentra en apenas cinco bibliotecas del mundo.

Como queda claro en el título, el libro es un relato sintético del proceso desencadenado en 1789: hace pasar sus capítulos por “figuras” que “ilustran” y resumen el transcurso de la Revolución. Como apéndice, el libro adjunta una lista alfabética de los apellidos “más distinguidos en la Toma de la Bastilla”.

Primer “cuadro”, o capítulo: “Soy francés, y escribo para los franceses. Existo, he visto…”

Se atribuye la autoría de este libro a François Guillaume Ducray-Duminil (1761-1819), poeta, novelista, dramaturgo, compositor y editor literario del Journal des Petites Affiches de Paris. Totalmente olvidado hoy en día, Ducray-Duminil era muy conocido en la época. Su obra era leída por todo el pueblo europeo, pero detestada por la mayoría del ámbito literario parisino. Así, en Los Miserables de Víctor Hugo, sus libros, los preferidos de la Madame Thénardier, son tachados de “estúpidos romances”.

Una vitrina para “Tirso”, editorial pionera

Abelardo Arias y Dante Savi, Mar del Plata, 1952.

Ediciones Tirso surge a mediados de la década de 1950 por iniciativa de los escritores Abelardo Arias y Renato Pellegrini y el pintor Dante Savi. Gracias a una beca, Arias había viajado a París en 1952, donde frecuentó diversos círculos literarios y entró en contacto con escritores franceses; de estos intercambios surgió la idea de difundir algunas de su obras en castellano.

Segunda edición del clásico de Peyrefitte, 1957.

La editorial dio a conocer su primera publicación en 1957: Las amistades particulares, de Roger Peyrefitte. Sudamericana había rechazado la novela: trataba del vínculo homoerótico entre dos jóvenes en un internado católico francés y ya había resultado escandalosa en su país de origen. De hecho, la intendencia de Buenos Aires la prohibió por seis meses, pero la novela fue un éxito de ventas y se reimprimió al menos tres veces el mismo año de su publicación.

Esta primera experiencia da cuenta de la labor pionera que llevaría a cabo Tirso en la difusión de libros que abordaban temáticas homosexuales y el riesgo que esto conllevaba en una época en la que regían censuras legales y morales. El ambiente literario local respondió con miedo, indiferencia y hostilidad.

Tarjeta de negocios de Arias.

Sostenidos por la respuesta de un público secreto y ávido—y por una convicción moral única en su época— estos tres jóvenes llevaron a cabo la tarea titánica de gestionar los derechos, traducir, diseñar los volúmenes y hasta distribuir los libros de un catálogo que incluyó, entre otros, a André Gide, Julien Green, Roger Martin du Gard, Henry de Montherlant, Marcel Jouhandeau, Albert Simonin y Carlo Coccioli.

Dante Savi en su casa de Once, con Nuria Dimotta (Departamento de Archivos), Leopoldo Brizuela y el sociólogo Ernesto Meccia, 2016. Foto por Javier Nadra

 

En 2016, poco antes de morir, Dante Savi donó a la Biblioteca Nacional el archivo personal de Abelardo Arias, con abundante material sobre la gesta de Tirso. Hasta fines de noviembre se exhibe en el tercer piso de la BNMM una selección que da cuenta de la magnitud de este singular proyecto. Incluye fotografías, diarios de viaje, recortes periodísticos y algunas de las publicaciones más insignes e innovadoras de Tirso.

Horace Lannes: los años dorados del cine argentino

Horace Lannes y Amelia Bence en el Festival de Cine de Mar del Plata (1968)

El nombre de Horace Lannes—vestuarista de cine, radio, televisión y teatro—ha quedado asociado indeleblemente al del cine argentino y sus divas más insignes. Nacido en Flores en 1931, Lannes inició su carrera como vestuarista de cine en La mujer de las camelias (1953) de Enrique Arancibia. Protagonizado por Zully Moreno, el film fue galardonado con el Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa. A partir de allí, diseñó el vestuario para más de cien películas que abarcaron todos los géneros y las épocas; también, a instancias de su propietario, se ocupaba de la ropa de las vedettes del Teatro Maipo.

Figurines de varios autores, clasificados por época

Lannes confeccionó ropa para Amelia Bence, Mirtha Legrand, Susana Giménez, Graciela Borges, Tita Merello, Libertad Lamarque, Mercedes Carreras, Elsa Daniel (cuyo vestido para La novia, de 1961, fue icónico y muy emulado) y Lolita Torres, entre muchísimas otras. En 2010, con motivo del Bicentenario, el INCAA y la Secretaria de Cultura auspiciaron la publicación de Moda y vestuario en el cine argentino, en el que Lannes recopila fotografías y bocetos de trabajos propios y de otros vestuaristas a los que rinde homenaje.  El proyecto del libro había sido, originalmente, una sugerencia de Tita Merello y Zully Moreno, que conocían los archivos, colecciones de fotografías, trajes y diseños de Lannes. Figurines y fotografías ilustran casi un siglo de cine argentino.

Figurines de Lannes: Iliana Calabró, Andrea del Boca y Victoria Carreras

Para Lannes, la distinción entre diseñador de moda o ropa y diseñador de vestuario es esencial. El diseñador de vestuario emplea técnicas distintas: tiene que leer el argumento, leer a los personajes y a sus antagonistas; también debe considerar qué actores representarán a esos personajes, las locaciones, el mobiliario y los horarios de filmación.

Dedicatoria de Horace Lannes

Recientemente, Lannes se acercó a la BNMM para hacernos llegar el archivo audiovisual de su gran amiga Amelia Bence y un ejemplar dedicado de su propio libro. Pronto estará disponible para su consulta.